LOS QUEHACERES ABSURDOS
Después de la agonía
de la muerte anunciada y de la espera,
ahora la ausencia,
la búsqueda sin fin en las tinieblas.
Vuelve mi amor.
Que oiga tu voz,
el abrazo al que me sustraía
insensata, urgida
por un llanto de niño,
el teléfono,
el menú de la cena,
el timbre de la puerta,
los gritos de mi madre con Alzheimer,
los quehaceres absurdos
o el simple deseo de relajarme
entre libros y noticias
“importantes”.
Ahora me ha quedado lo que tengo.
Teléfono, escuálidas comidas,
el timbre de la puerta,
los gritos de la madre con Alzheimer,
el llanto de los nietos,
los quehaceres absurdos,
y esta incapacidad de concentrarme.
Los libros no compensan,
los recortes se han puesto amarillentos.
Sigo buscándote
detrás de las puertas.
Revuelvo tus cajones
para aspirar tu aroma.
Ahora eres Tu
quien se sustrae a mi abrazo.
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